
El día de hoy fue un sábado como cualquier otro sábado: un día soleado y tranquilo en la bella "Ciudad de la esperanza", un poco de viento fresco para refrescar los tenues pero aún calurosos rayos de sol.
Más sin embargo, para mí, éste sábado no fue como ninguno de mi vida. Algunos sustos y algunas sorpresas, pero en general un día delicioso para disfrutarlo afuera, en compañía de personas especiales; y vaya que si lo disfruté.
Hace mucho que no tenía un día como hoy, que no me atrevía a explorar "horizontes desconocidos", y encontrar pequeños parajes llenos de belleza natural, y qué mejor que con tan buena compañía.
El sol del medio día fue testigo de tremenda exploración, de curiosas confesiones y una que otra caricia asomada. Más sin embargo, al caer el sol y ya llegada la noche, el fresco viento que trajo consigo a las nubes fue el cómplice de traer consigo un manto que cubrió el cielo, impidiéndole a las estrellas contemplar lo que en el suelo acontecía. Un momento mágico, bello, y a la vez un poco triste, una despedida temporal que traerá consigo un encuentro especial cuando la distancia se acorte nuevamente.
Hoy sábado, un día como cualquier otro, trajo consigo bien escondido bajo el brazo un bello recuerdo que guardaré en mi memoria; un recuerdo que además quedará plasmado en estas humildes líneas que se vieron forzadas en salir de mi cabeza. El día de hoy es un día para recordar, hoy 21 de junio.
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